VOCES DESDE EL TERRITORIO: ENTREVISTA CON FRANCESCO BUCCI, TUKUY PACHA

  • Presentación e institución: Podría contarnos ¿quién es, cuál es la misión de Tukuy Pacha y en qué ámbito o territorio desarrollan su trabajo por la inclusión?

Soy Francesco Bucci, director ejecutivo de Tukuy Pacha. Nuestra misión es promover el desarrollo de capacidades, la participación y la plena inclusión de niñez, adolescencia, personas con discapacidad, personas adultas mayores y otras poblaciones de atención prioritaria en Bolivia.

Realizamos proyectos y programas de desarrollo inclusivo en el Departamento de Cochabamba: actualmente trabajamos en el Valle Alto: Punata, Cliza, Arani, Villa Rivero, también estamos en Mizque y en varios municipios de la región metropolitana de Cochabamba, con énfasis en la zona sur de la ciudad. Nuestras iniciativas, que hacemos junto a las comunidades donde trabajamos, tienen componentes de salud, educación inclusiva, generación de ingresos y empoderamiento.

  • Sensibilización e importancia: ¿Por qué es importante que las niñas y los niños con y sin discapacidad compartan el mismo espacio de aprendizaje en el aula?

… ¡porque son niños y niñas! Si lo piensas un momento, es algo muy natural podernos criar con nuestros pares: crecemos a lado de nuestros hermanos, primas, compañeros del barrio o de escuela. Aprendemos por imitación: desde la perspectiva de las neurociencias, esto se sustenta en el funcionamiento de las “neuronas espejo”.

El aspecto del compartir es importante más aún en la niñez, porque desde ese momento se forman en nuestra mente ciertos paradigmas y maneras de ver el mundo.

Mientras exista mayor convivencia entre las diferencias desde una temprana edad, la inclusión la vamos a ver como algo totalmente natural…

  • Experiencias y adaptaciones: ¿Qué cambios ha logrado Tukuy Pacha a través de sus intervenciones con y/o en favor de las niñas y niños con discapacidad?

Se ha trabajado desde la familia: muchos progenitores en un comienzo “se resisten” a la situación de discapacidad de sus hijos. Son procesos de duelo que aún no están cerrados a veces y hemos tratado de acompañarlos. Había familias que, después de recibir diagnósticos de manera inadecuada, ya no llevaban a sus niños a servicios de salud. Ahora “están haciendo las paces” y buscan oportunidades para que su niña o niño pueda tener la atención que necesita cuando tiene algún problema de salud.

En las intervenciones domiciliarias, hemos explicado a las mamás y papás que ellos son la primera fuente y canal para proporcionar a sus hijos un ambiente positivo y rico de estímulos. Es algo que empieza desde la casa. Luego, se busca también que el niño o la niña pueda acceder a un centro infantil o a la escuela.

En los centros infantiles, algunas de las educadoras reconocieron que en un inicio, ver a niños con discapacidad les generaba sentimientos de miedo y angustia; sin embargo, con el proyecto, ellas pudieron ver, también con sus colegas, que todos son niños y niñas y tienen derecho de participar. Entonces, las facilitadoras que en un comienzo sentían temor o manifestaban cierto rechazo, ahora están promoviendo procesos de inclusión en sus centros. También ellas van proporcionando indicaciones y referencias adicionales a los padres. Algunas mamás de las familias que acompañamos desde hace tiempo, han referido otros niños y niñas con discapacidad hacia nosotros o a centros infantiles inclusivos como “Rayito de Luz”, en la zona de Primero de mayo.

En algunas unidades educativas, la inclusión inicialmente era más “de palabra”, algo formal. Sin embargo, ahora la dirección se ha apropiado del enfoque y de la práctica: hay un niño con autismo que cuando pasa mucho tiempo en el aula se desregula, es ansioso. Entonces la directora ha habilitado un espacio específico donde este niño pueda calmarse. En otra oportunidad, la misma directora ha “defendido” explícitamente los derechos del niño frente a reclamos de otros padres de familia.

En un comienzo, los profesores pueden tener un diferente concepto de inclusión: por ejemplo, la idea de que para un niño con discapacidad se tiene que adaptar o hacer algo muy diferente de los demás: esto lleva un riesgo de exclusión. Inclusión significa participación, y cualquier actividad que se trabaje, debe buscar involucrar a todos los niños y niñas. Después de probar, los profes dieron cuenta de que esto es realmente así: cuando diseñan una actividad donde todos pueden participar, esta tiene buenos resultados.

  • Desafíos y barreras: ¿Cuál considera que es el principal obstáculo al que se enfrentan las comunidades escolares para lograr una inclusión real y cómo se puede superar?

Una de las mayores dificultades surge cuando no consideramos a toda la comunidad. Para lograr la inclusión debe estar toda la comunidad. Si no se logra involucrar, por ejemplo, a los padres y madres de familia de toda una escuela, algunos pueden reclamar, por desconocimiento de los derechos de los niños y niñas con discapacidad. Para lograr cambios, hay que avanzar juntos.

Buscando algo más en profundo, encontramos prejuicios, preconceptos arraigados, culturales que llevan a excluir a la diversidad. Esta continúa siendo la barrera más ardua de enfrentar. Implica desaprender, deconstruir ciertas creencias que tenemos internalizadas.

Otra dificultad muy evidente es que, en la mayoría de los casos y con pocas excepciones, el cuidado de las niñas y niños con discapacidad recae sobre madres y hermanas mujeres. Es una situación que conlleva sobrecarga física y emocional, especialmente en las mamás.

  • Trabajo en equipo y comunidad: ¿De qué manera pueden colaborar las familias, docentes y la comunidad para asegurar que ninguna niña o niño se quede atrás?

En un comienzo, todas y todos podemos resignificar un poco nuestra mirada hacia la niñez: al ver a los niños y niñas muy pequeños, pensamos desde un comienzo a la tarea de cuidarlos. Pero si los consideramos como personas con sentimientos, dignidad, derechos, ideas y pensamientos, esto nos lleva a valorar su vida de manera más integral y esforzarnos, haciendo lo mejor para acompañarlos en su crecimiento y desarrollo.

Luego, generar oportunidades y facilitar la participación: participar en actividades de convivencia ayuda a superar el ocultamiento, el miedo y el temor hacia la diversidad. En estas actividades deben participar los niños y niñas con discapacidad. La convivencia es la clave de todo, también para superar los prejuicios de los que hablábamos antes.