El poder de los actores locales en la prevención y respuesta de la violencia basada en género

En Bolivia, la violencia basada en género sigue siendo una realidad grave y persistente, especialmente para niñas, adolescentes y mujeres. Sin embargo, la evidencia muestra que las respuestas tradicionales, centradas únicamente en el sistema formal, no han sido suficientes para prevenirla ni para garantizar acceso oportuno a mecanismos de protección.

Frente a este desafío, Save the Children en asocio con la Casa de la Mujer propone un enfoque claro, la localización como principio y como práctica. Esto significa que las respuestas no se diseñan desde fuera, sino que se construyen junto a quienes viven la realidad, adolescentes y jóvenes, organizaciones locales, comunidades y gobiernos locales.

Los resultados son concretos. En los municipios donde se implementa el proyecto: “Empoderamiento Comunitario para la Prevención y Respuesta de la Violencia Basada en Género” cofinanciado por KOICA y Save the Children Korea se ha fortalecido el ecosistema de protección donde distintos actores se articulan para prevenir y responder a la violencia desde el servicio de salud, educación y protección, líderes comunitarios, familias y autoridades locales. Esta articulación ha permitido mejorar el acceso a rutas de atención, reducir barreras y generar mayor confianza en el sistema.

Uno de los cambios más significativos ha sido el rol de las y los adolescentes. A través de los gobiernos estudiantiles, redes juveniles y procesos formativos sostenidos, la juventud está asumiendo un liderazgo activo en la prevención de la violencia. No solo participan, sino que han liderado campañas, crearon contenido y han abierto espacios de diálogo y presentado propuestas en sus comunidades y a autoridades locales. Como expresó una adolescente, “nuestra voz sí puede generar cambios”.

Este involucramiento no es simbólico. Es parte de una transformación más profunda que cuestiona el adultocentrismo y reconoce a la adolescencia y juventud como actores clave en el cambio social.

Al mismo tiempo, este liderazgo juvenil se conecta con otros actores locales, fortaleciendo respuestas colectivas. Familias más informadas, comunidades más conscientes, servicios mejor articulados y autoridades más comprometidas siendo parte de un mismo proceso.

Este es el valor de la localización, cuando las respuestas se construyen desde lo local, con actores locales, se vuelven más sostenibles, pertinentes y efectivas. La experiencia en Bolivia muestra que prevenir la violencia no es solo una tarea institucional. Es un esfuerzo colectivo. Y cuando las comunidades, junto con las adolescencias organizadas, lideran ese proceso, el cambio deja de ser una aspiración y empieza a ser una realidad.